Entre los espacios que camino, las imágenes se atiborran una tras otra, causando ruidos tan intensos que me llegan a ser tan ensordecedores como las cornetas de las busetas o los murmullos eternos de los Otros.
Es por eso que, en los instantes que de reojo el silencio noble del reflejo de una luz me distrae, sacándome del adoctrinamiento visual que a diario me trago; creo en la imposibilidad del día final…, creo en los ángeles que mentan los holísticos de la Nueva Era…, un fotón deja de ser un fotón y se viste de divinidad… “creo“…que ya es decir mucho.
